Skip to main content

Full text of "La fea del ole : sainete lírico en un acto, dividido en tres cuadros"

See other formats


¿±  5  * 


ANTONIO  FERNANDEZ  LEPINA  y  ANTONIO  PLAÑIOL 


LA  FEá  OEL  DL 


saínete  lírico 


EN  UN  ACTO,  DIVIDIDO  EN  TRES  CUADROS,  EN  PROSA,  ORIGINAL 


MÚSICA  DEL 


MAESTRO   LLEO 


SO 


Copyright,  by  the  anthors,  1907 

SOCIEDAD  DE  AUTORES  ESPAÑOLES 

.      Núnez  de  Balbpa,  12 

—    i  "> 

1307 


vi. 


.•-e-- 


% 


V 


*  .' 


LA  FEA  DEL  OLE 

saínete  lírico 

en  un  acto,  dividido  en  tres  cuadros 


ORIGINAL  DE 


ANTONIO  FERNANDEZ  LEPINA  y  ANTONIO  PLAÑIOL 


MÚSICA  DEL 


AESTRO  LLEÓ 


Istrenado  con  gran  éxito  en  el  TEHTRO  CÓMICO  el  18  de  Mayo 
de  1907 


-#- 


¡madrid; 

ü.   VKLASCO,  IMPiiESOE,    MAEQDKd   DE  SANTA    ASA'  11 

/Teléfono  número" 661 
1£*07 


Digitized  by  the  Internet  Archive 

in  2012  with  funding  from 

University  of  North  Carolina  at  Chapel  Hill 


.http://archive.org/details/lafeadelolesaine17215llev 


t&  ¿Juanita  cfllanso 


A  usted,  querida  amiga,  por  derecho  propio  é 
indiscutible  le  pertenece  la  dedicatoria  de  este  saí- 
nete que  le  debe  la  mayo?  parte  de  su  éxito;  mas 
permítanos  que  de  esta  dedicatoria  restemos  una 
parte  para  los  demás  intérpretes,  pues  todos  sin 
excepción,  desde  el  Sr.  Ontiveíos  haciendo  una  de 
las  mejores  creaciones  de  su  vida  escénica,  hasta 
el  Sr.  Gamero  aceptando  un  cortísimo  papel,  pu- 
sieron tanto  talento  y  buena  voluntad  en  su  tra- 
bajo, que  sin  falsa  modestia  confiesan  que  sola- 
mente d  la  interpretación  deben  el  gran  éxito  de 
este  saínete, 


<~^í#á    O/Cte/eleá-, 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


PEPA Sea.    Manbo. 

MEBCEDES Andrés. 

PASTOEA Tbain. 

LA  RUBIA Seta.  Díaz. 

EL  SEÑOR  VÁZQUEZ Se.       Ontivebos. 

RICARDO Sibvent. 

EL  SEÑOR  LUCIANO Gameeo. 

EL  PINTURAS , Del  Valle. 

ANDRÉS Moeilla. 

PACO De  Feanciüco. 

Coro  general 


La  acción  en  Madrid. — Época  actual 


^€>»_ j«-*»*^5fr>WHfc_ 


ACTO  ÚNICO 


CUADRO  PRIMERO 

Habitación  pobre  y  blanqueada:  en  la  derecha  puerta  de  salida  á  la 
escalera:  en  el  foro,  ventana  en  un  saliente  que  se  prolongará  ha- 
cia el  fondo  en  forma  de  pasillo:  en  la  izquierda  dos  puertas  sin 
hojas  y  con  cortinas  blancas  de  percal.  En  el  foro,  otra  puerta  sin 
hojas  ni  cortinas,  por  la  que  se  ve  un  fogón  y  vasares  de  la  coci- 
na. El  techo  de  la  habitación  aguardillado  hacia  el  foro.  Cerca  de 
la  ventana,  un  caballete  de  pintor  con  lienzo  de  un  «bodegón»  sin 
terminar:  en  sillas  y  en  el  suelo,  latas  con  colores,  paletas,  etcé- 
tera, lienzos  mal  pintados,  sin  marcos  en  las  paredes.  Una  có- 
moda con  fanales  de  flores  contiahechas;  un  espejo  barato.  En  el 
centro  de  la  habitación  una  mesa  camilla.  En  el  foro  un  reloj  de 
pesas.  La  ventana  aparecerá  cerrada,  pero  por  las  rendijas  pene- 
trará la  luz. 


ESCENA  PRIMERA 

PEPA  saliendo  por  la  primera  de  la  izquierda,  acabándose  de  vestirj 
sucia  y  desgreñada,  restregándose  los  ojos  y  desperezándose:  mira  el 
reloj:  después  VÁZQUEZ.  Se  oyen  hacia  el  foro  y  lejanas,  voces  de 
pregones  de  vendedores:  las  campanillas  de  las  burras  de  leche:  cam- 
panas que  tocan  á  misa,  voces  de  chiquillos;  cantos  de  ciegos,  y 
cuanto  pueda  dar  idea  del  despertar  de  los  barrios  bajos  de  Madrid:, 
todo  ello  dentro  del  preludio,  pero  después  de  levantarse  el  telón 

Voz  homb.  jSóo!...  ¡sóo...  borrica!...  ¡Pacooo!... 

Otra         *  ¡Ya  bajo! 

Voz  mu}.      \...parcial,  Liberall  \País\... 


611708 


—  8  - 

Otra  ¡Gloria  hoy!...  ¡gloria  hoy!...  ¡parroquianas!... 

Voz  homb.  ¡Trapero!...  ¡Hay  algo  ropa  vieja  que  vender! 
¡Trapero!... 

Voz  muj.  ¡Son  como  la  grana!  ¡Tres  un  real!...  ¡cuatro 
un  real!... 

Voz  muj.  ¡La  cangrejera!...  Vivos  de  hoy.  (Apiana  la  mú- 
sica, y  los  ruidos  y  voces  se  apagan,  pero  sin  dejar  de 
percibirse,  mientras  habla  Pepa  que  sale  abora.) 

Pepa  ¡Anda  la  mar!  ¡Las  siete!...  ¡Padre,  que  son 

las  nueve!  (Asomándose  segunda    izquierda.)    [Pa- 

drel...  ¡Atiza!  ¡si  no  está!  ¡Vamos,  es  lo  que 
me  quedaba  que  ver!  ¡Por  ahí  de  juerga  toa 
la  noche!.  .  luego  falta  el  dinero  y  las  ganas 
de  trabajar  y...  ¡maldita  sea  el  vino  y  las  ta- 
bernas y  el  Gobernador  que  no  las  cierra 
toas  al  anochecer!...  ¡Mercedes!  ¡Mercedes!... 
(En  la  primera  izquierda)  ¡Levántate,  mujer,  que 
padre  se  ha  pasao  la  noche  trabajando,  (En 
guasa.)  y  quedrá  el  desayuno  en  cuanto  lle- 
gue! ¡Mercedes!...  ¡Como  si  no!  ¡Ya  hizo  otra 
vez  la  rosca!  ¡Vaya  un  arreglo  de  casa!  ¡Si  no 
fuera  por  mí  que  soy  una  prima  y  me  mato 
á  trabajar  pa  ellos...  y  toa  la  vida  lo  mismo! 
¡Mi  padre  de  juerga;  mi  hermana,  de  baile, 
y  yo...  con  la  escoba!  (La  coge.)  ¡Ay!...  cuándo 
quedrá  Dios  que  yo  sea  persona  y  tenga  ge- 
nio y    volunta  y  caprichos   y...  ¡Mercedes! 

¡Mercedes!...  (Entra  en  la  cocina.  Vuelven  á  oirse 
con  más  fuerza  las  voces  y  pregones.) 

Voz  muj.  \...parciall  \Liberal\  \País\ 

Otra  ¡Parroquianas,  rabanitos! 

Otra  ¡Gloria  hoy...!  ¡gloria  hoy!... 

Voz  homb.  ¡Trapero!...  hay  algo  ropa... 

Voces  ¡A  esel...  ¡A  ese!...  ¡Guardias!...  ¡Guadias!... 

Otras  ¡Pillo!...  ¡granuja!...  ¡A  ese! ..  ¡á  ese!...  (cesan 
los  pregones.  Gran  griterío.) 

Otras         ¡Duro  con  él! 

VOCES  ¡Ay!...  ¡ay!...  (Aparece  en  la  puerta  de  la  calle,  Váz- 

quez, con  las  botas  en  la  mano,  entrando  de  puntillas 
y  cerrando  con  cuidado.) 

PEPA  (Saliendo  de  la  cocina  y  dirigiéndose  á  la  ventana  que 

abre:  la  escena  se  ilumina.)  ¡Ya  está  arma!  [Como 

tóos  los  días!  Son  más  fijos  que  un  desper- 
tador. 


—  9  — 
VÁz.  (¡Uyl  ¡la  Pepa!  Sermón  tenemos.)  (Termina  ei 

preludio.) 

Pepa  ¡Buenos  días,  padre! 

VÁz.  ¡Hola,  chiquilla!  (pausa.) 

Pepa  (con  guasa,  acercándose  é  éi.)  ¿Por  qué  madruga 

usté  tanto? 

VÁz.  (Turbado.)  ¡No...  si  es  que...  que  oí  bronca  en 

la  Plazuela  y  bajé...  por  curiosidad!  ¡Total, 
nada!  ¡Un  borracho! 

Pepa  ¡Si  les  dieran  morcilla  á  tos  los  que  beben 

vino!... 

VÁz.  ¡Mujer,  pa  la  morcilla,  agua! 

Pepa  Mire  usté  lo  que  son  las  cosas;  y  yo  con  tan- 

to cuidao  pa  no  despertarle... 

VÁz.  ¡Como  yo!  ¡Ya  ves...  por  no  despertarte,  no 

me  había  calzado!  (Enseñándole  las  botas  que  tie- 
ne en  la  mano.)  Y  ¿sabes  lo  que  voy  á  hacer? 
Acostarme  un  ratito.  ¡Estoy  algo  mareao!... 
¡Toa  la  noche  pintando!...  Vine  á  las  once  y... 

Pepa  Pues  poco  le  ha  cundido  á  usté. 

VÁz.  ¡Inspirándome,  dando  vueltas! 

Pepa  ¡Por  las  calles! 

VÁz.  ¡No,  mujer;  en  la  cama! 

Pepa  Si  está  sin  deshacer. 

VÁz.  ¡Es  que  daba  vueltas  alrededor  de  ella! 

Pepa  ¡Ay  padre,  padre!  Tos  los  días  lo  mismo. 

¿No  le  da  á  usté  vergüenza?  ¡Tiene  usté  una 
fama  de  borracho  en  el  barrio!... 

VÁz.  ¡Pues  no  lo  huelo! 

Pepa  Pero  le  huelen  á  usté,  que  es  peor. 

VÁz.  ¡Mira,  hija;  los  artistas  todos  tenemos  algún 

vicio,  y  si  nos  quitan  el  vicio  perdemos  la 
inspiración!  ¡Los  hay  locos  por  el  juego,  por 
el  vino,  por  las  mujeres!... 

Pepa  Eso  menos  mal. 

VÁz.  ¡Claro,  como  que  tú  eres  mujer! 

Pepa  Yo  lo  que  sé  es  que  me  tiene  usté  siempre 

abandonada;  tó  el  día  y  toa  la  noche  sola. 
Diga  usté  que  soy  buena,  porque  me  sale 
de  dentro...  que  lo  que  es  por  falta  de  oca- 
siones... 

VÁz.  Pa  eso  sois  dos;  tu  hermana  mayor... 

Pepa  ¡Sí,  dos!...  ¡Y  en  cuanto  usté  se  larga,  se 

compone  Mercedes,  coge  el  pendingue...  y 


—  10  — 

ahí  te  quedas  Pepa!  [Y  con  esas  amigotas  y 
amigotes  que  se  ha  echao,  toas  las  noches 
del  café  al  Cine,  del  Cine  al  baile!...  ¡Y  ya 
veremos  cómo  acaban  estos  bailes!  ¡Y  mien- 
tras yo  aquí  sola,  lavando  pa  los  tres,  co- 
siendo pa  los  tres,  y  sin  que  ni  una  vez,  k 
uno  ni  á  otro,  se  les  mueva  á  ustés  el  alma 
pa  decirme,  vente  con  nosotros!  ¡Razón  tie- 
nen en  el  barrio  en  llamarme  la  Cenicienta! 
¡En  fin,  paciencia!  ¡Se  conoce  que  no  somos 
de  la  misma  carne! 

VÁz.  Y  tu  hermana,  ¿dónde  está? 

Pepa  ¡Durmiendo!  Esa,  ya  se  sabe,  ó  en  la  calle 

ó  en  la  cama.  ¡Claro,  como  tó  se  lo  encuen- 
tra hecho!... 

VÁz.  Bueno;  pues  prepárame  el  desayuno  para 

acostarme  un  ratito. 

Pepa  ¿Pero  no  va  usté  á  acabar  esos  bodegones? 

¡Mire  usted  que  no  hay  dinero! 

VÁz.  Bueno,  pintaré  un  poco,  mientras  tú  bajas 

por  la  leche.  (Sentándose  y  poniéndose  las  botas.) 

Pepa  Déme  usté  cuartos. 

VÁz.  Que  te  fíen. 

Pepa  ¡Pero  si  anoche  tenía  usté  tres  kilos  de  cal- 

derilla de  los  bodegoues  que  vendió  en  For- 
nos!  ¿Dónde  los  ha  echao  usté? 

VÁz.  (pintando.)  Déjame,  que  me  distraes  como 

anoche,  que  le  puse  la  vista  extraviada  á 
este  conejo. 

Pepa  ¡Bueno,  pues  por  mí  no  almorzaremos;  ya 

estoy  acostumbrada!  (se  sienta.) 

VÁz.  A  tu  hermana  le  di  ayer  dos  duros. 

Pepa  Sí,  señor;  pero  se  desempeñó  su  vestido  de 

seda  y  se  compró  unos  peinecillos...  y  toda- 
vía la  tuve  yo  que  dar  quince  céntimos  que 
la  faltaban. 

VÁz.  No  me  queda  más  que  esta  peseta:  gasta 

poco  y  dame  la  vuelta. 

Pepa  ¿Y  pa  la  compra? 

VÁz.  íú  dame  la  vuelta  y  no  tengamos  líos. 

Pepa  ¡Y  Mercedes  que  quería  que  la  comprara 

usté  hoy  unos  zapatos  pa  ir  á  la  becerrada 
que  dan  en  el  Puente  de  Vallecas  los  pinto- 
res de  muestras! 


—  11  — 

VÁz.  ¡Ayl...  es  verdad. 

Pepa  Como  es  la  presidenta... 

VÁz.  ¿Ves?  [Ya  no  puedo  trabajar!  ¿Quién  tra- 

baja en  un  día  de  becerra?  Anda,  anda,  sú- 
bete la  leche.  ¡Ah!  No  traigas  azúcar  pa  el 
café,  que  tengo  aquí  dos  terrones:  le  echas 
uno  á  tu  hermana  y  otro  á  mí.  A  tí  te  gus- 
ta sin  azúcar,  ¿verdad?  ¡Lo  amargo  es  muy 
sano!  ¡Asi  ties  tú  esos  colores! 

Pepa  ¡Que  acabe  usté  de  pintar  eso!  (coge  una  jarra 

de  la  cocina,  y  al  pasar  por  segunda   izquierda  dice:} 

¡¡Mercedes!!  ¡Anda,   mujer!    ¡Hasta  ahora! 

(Vase  por  la  puerta  de  la  escalera.) 


ESCENA  II 

VÁZQUEZ,  dejando  de  pintar 

¡Pintar!...  ¡Se  le  quitan  á  uno  las  ganas  has- 
ta de  coger  los  pinceles!  Yo,  con  un  talento 
macho,  muerto  aquí  de  hambre,  y  el  pinta- 
monas de  Sorolla,  el  mamarracho  de  Ville- 
gas y  otros  por  el  estilo,  gastando  y  triun- 
fando. ¡Miá  que  hay  injusticias  en  el  mun- 
dol  Ya  estoy  cansado  de  perdices...  langos- 
tas... sandias...  ¡Yo  las  pinto  y  ellos  se  las 
comen!    ¡Ab!. .   ¡Ya  vendrá...  ya  vendrá  la 

mía!...  (se  duerme  con  el  pincel  en  la  mano  y  senta- 
do de  espalda  á  la  puerta  de  entrada.) 


ESCENA  III 

VÁZQUEZ,    DON    LUCIANO.   Tipo  de  hombre   rico   de  la  clase  def 

pueblo  en  día  de  fiesta.    PINTURAS,    ridículo   tipo    de    aprendiz  de 

torero,  y  ANDRÉS,    menestral   en  domingo:    los   tres    entran   por  la 

puerta  de  la  escalera,  que  dejó  abierta  Pepa  al  irse 

Luc.  ¿Hay  permiso? 

Pin.  ¿Podemos  penetrar? 

And.  Sí,  pasad,  que  está  el  señor  Vázquez  traba- 

jando como  siempre. 


—  12  — 

Luc.  (Acercándose.)  Usted  perdonará  el  que  nos  ha- 

yamos precipitao. 

Pin.  Sí,  porque  la  hora  es  propia  pa  ir  á  cumplir 

con  la  Iglesia. 

Luc.  Pero  hemos  determinao  echar  el  día  á  pe- 

rros é  irnos  de  mañana  hacia  el  Puente  tos 
los  de  la  comisión,  con  la  presidenta  á  la 
cabeza. 

And.  ¡Yo  creo  que  nos  divertiremos!  ¿Verdá  usté? 

Pin.  ¡A  este  hay  que  hablarle  con  contestación 

pagada! 

Luc.  De  modo  que  esperamos  que  se  vista  la 

Mercedes,  pa  que  el  coche  nos  embanaste  á 
tos,  juntamente  con  los  tres  pellejos  de  Val- 
depeñas, adherentes  á  la  fiesta. 

And.  Y  esperamos  que  no  se  negará. 

Luc.  Porque  la...  (Mirándole.)  ¡Pero  si  este  tío  está 

roncando! 

And.  ¡Vázquez!...  ¿Oye  usted,  hombre? 

VÁz.  (Medio  dormido.)  ¡Chica,  dame  la  vuelta! 

Pin.  ¡Cree  que  está  en  la  cama! 

And.  (zarandeándole.)  ¡Eh!...  ¡maestro!... 

Vaz.  ¡Ah!...  ¿Son   ustedes?...  No  los  había  visto 

entrar.  Estaba  tan  embebido  con  este  be- 
sugo... 

Pin.  ¡Pa  mí  que  es  merluza! 

Luc.  Venimos  por  la  Mercedes. 

VÁz.  (Levantándose  )  ¿Es  ya  la  hora  de  la  becerra? 

Luc.  No,  señor.  Es  que   á  mí  me  gusta  corres- 

ponder, y  ya  que  bajo  la  advocación  de  este 
torerazo  damos  la  becerra  los  pintores,  he 
pensao  obsequiar  con  un  almuerzo  y  su  poco 
de  manubrio  á  los  de  la  comisión  y  señoras 
adyacentes. 

VÁz.  El  caso  es  que  la  chica  está  acostá. 

Luc.  Pues  si  usté  quiere,  yo  entro,  la  espabilo, 

y...  (con  intención.) 

VÁz.  No,  no  se  moleste  usté... 


—  13  — 


ESCENA  IV 

DICHOS  y  PEPA,  puerta  de  la  calle  con  3a  jarra 

Pepa  ¡Buenos  días!  ¡Temprano  la  han  tomao  us- 

tedes! (Entra  en  la  cocina.) 

VÁz.  Anda,  mujer,  dile  á  la  Mercedes  que  se 

vista. 

Luc.  ¡Y  que  se  ponga  tó  lo  guapa  que  ella  sabe 

ponerse! 

Pepa  ¡De  aquí  á  que  se  vista! ..  ¡Ya  podían  uste- 

des haberlo  dicho  anoche!  ¡Mercedes!...  (En- 
trando en  la  alcoba.) 

Luc.  ¡Vamos,  presidenta,  arriba,  que  el  coche  es- 

pera! 

Pin.  Dése  prisa,  que  no  va  á  quedar  tiempo  de 

ver  los  bichos,  y  quiero  escoger  uno  pa 
brindárselo  á  usté. 

LUC.  ¿Va  USté   á   tardar?    (Mirando  por   entre  las   cor- 

ticas.) 

Mep.  (Dentro.)  ¡Eh!...  ¡No  vale  mirar! 

Luc.  ¡Si  es  pa  ver  lo  que  tarda  usté  en  vestirse! 

Mer.  (Dentro.)  Vaya  un  fresco  que  está  usté. 

Luc.  Más  fresca  está  usté. 

Pepa  Padre,  que  miran. 

VÁz.  ¿Miran?  Ahora  verás  tú.  ¡Mercedes!  (se  le- 

vanta.) 
Mer.  (Dentro.)  ¿Qué? 

Vaz.  Tápate. 

Pepa  (saliendo.)  ¡Largo  de  ahí!  ¿Quiere  usté  que  le 

cante  lo  que  le  pasó  á  uno  por  meter  la  nariz 

donde  no  le  llamaban? 
Luc.  ¡Hombre,  venga! 

Pin.  ¡Duro  con  la  fábula! 

Pepa  ¡Pues  va  de  cuento! 

Música 

Pepa  Era  una  niña  inocente, 

formalita  y  pudorosa, 
que  tenía  una  perrita 
en  extremo  cariñosa. 


-  14  — 

La  perrita  con  ella  dormía 
anhelando  del  ama  el  calor, 
y  si  alguno  á  la  alcoba  llamaba, 
la  perra  ladraba  con  rabia  y  furor. 
Un  vejete  inmoral  y  atrevido 
una  noche  se  puso  á  mirar, 
y  la  niña  que  no  lo  sabía 
se  desnuda  para  irse  á  acostat ; 
y  ladra  que  ladra 
la  perra  que  avisa, 
y  en  tanto  la  niña 
ya  estaba  en  camisa. 
Por  ver  qué  pasaba 
abrió  de  repente, 
y  vio  así  en  cuclillas 
al  viejo  indecente; 
y  la  perra  sin  dar  tiempo  á  nada, 
dio  un  gruñido  y  un  salto  á  la  par, 
y  en  la  propia  nariz  del  curioso 
•  hizo  presa  y  no  pudo  soltar. 

El  viejo  chillaba, 
la  niña  reía, 
la  perra  ladraba, 
mordía  y  mordía, 
y  el  viejo  curioso 
pagó  su  desliz 
perdiendo  por  siempre 
su  hermosa  nariz. 
Todos  El  viejo  chillaba,  ¡ay,  ay! 

la  niña  reía,  ¡ja,  ja! 
la  perra  ladraba,  ¡gua,  gua! 
mordía  y  mordía,  ¡infeliz! 

¡sin  nariz! 
¡bien  pagó  su  desliz! 
Infeliz,  sin  nariz, 
bien  pagó  su  desliz. 

Hablado 

Luc.  ¡Sí  que  ha  tenido  gracia  la  conseja! 

Pepa  Es  una  lección  de  primera  enseñanza. 

Pin.  Tié  su  intríngulis. 

Luc.  Conque,  señor  Vázquez...  (Que  se  durmió  du- 


—  15  — 

rante  el  número  de  música.)  ¡Pero,  Se  ha  dormi- 
do otra  vez! 

Pin.  ¡Anda,  leñe!  ¡Cuando  yo  decía  que  era  mer- 

luza!... 

Pepa  ¡Padre...  (chinándole  ai  oído.)  que  le  están  á  us- 

ted hablando  los  Señores!  (Vázquez  se  levanta 
muy  deprisa  y  se  pone  á  escuchar.) 

Luc.  Pues  decía  que  ya  verá  usté  lo  que  es  el 

mozo  éste  á  la  hora  de  la  verdad. 

VÁz.  ¿A  la  hora  del  almuerzo? 

Luc.  ¡Ya  lleva  toreaos  cuatro  domingos!...  ¡y  se 

trae  lo  suyo!...  ¡Y  llegará  muy  alto!...  ¡Por- 
que toavía  es  una  criatura! 

VÁz.  ¡Ya  sé  que  nace  tos  los  domingos! 

And.  Bueno,  señores;  yo  creo  que  podemos  espe- 

rar en  el  café  de  abajo,  tomando  café. 

VÁz.  ¡Con  media  de  abajo! 

Luc.  ¡Abajol  Avíese  usté  pronto,  maestra. 

Mer.  (Dentro.)  En  seguida,  don  Luciano. 

Pepa  ¡Pero,  padre!...  No  se  vaya  usté  así...  ¡Cepí- 

llese un  poco  y  péinesel 

VÁz.  ¡En  seguidita!   Los  artistas  no  so  peinan. 

¡Contra  más  pelos,  más  artistas! 

Pepa  ¡Es  que  parece  usté  un  puerco  espín! 

VÁz.  ¡Puerco...  puede!  Pero  esta  cabeza  se  la  dis- 

putan los  grandes  pintores  para  modelo. 

Pkpa  ¿Para  modelo  de  vegetación?  (con  guasa.) 

VÁz.  Gracias  á  ella,  se  llevó  una  medalla  Pradilla. 

¡Conque  ya  lo  sabes!  j  Respeto  á  una  cabeza 
que  está  premiada! 

Todos  ¡Já,  já! 

Luc.  Vamos.  (S6  van  los  cuatro.) 


ESCENA  V 

PEPA.   MERCEDES,   saliendo  de  la  alcoba  en  enaguas,  corsé  y  siu 
peinar 

Pepa  Anda,  mujer,   que  duermes  más  que  un 

juez. 
Mer.  (saliendo.)  ¡Si  te  hubieras  tú  acostado  á  las 

cuatro!... 
Pepa  Me  hubiera  divertido  como  tú. 


—  16  — 

Mer.  ¡Y  la  tía  Pastora  no  ha  traído  el  mantón! 

Pues  vas  á  tener  que  llegarte  porque  yo  sin 

mantón  no  voy. 
Pepa  Yo  iría  aunque  fuera  con  la  colcha  de  la 

cama. 
Mer.  Tú  do  es  lo  mismo. 

Pepa  ¡Claro;  yo  soy  una  piltrafa! 

Mer.  ¡Qué  diría  don  Luciano!  ¡El,  que  no  sabe  lo 

que  hacer  por  darme  cobal  ¿Lo  has  notao? 

(Se  acerca  á  la  cómoda  y  de  pie  se  pone  á  peinarse  ) 

Pepa  Lo  que  he  notao  es  que  si  se  entera  Ri- 

cardo... 

Mer.  Que  se  entere.  ¿Porque  á  él  se  le  antoje  voy 

á  dejar  de  divertirme?  ¡Cóseme  el  bajo  de  la 
falda...  que  anoche  me  dieron  un  pisotón!... 

Y  date  prisa.  (Con  malos  modos.  Pepa  entra  en  la 
alcoba,  saca  una  falda  de  seda,  se  sienta  á  la  camilla  y 

se  pone  á  coser.)  ¡Vaya  una  bandolina  que  ha- 
ce>!  ¡Es  agua  clara!  ¡Tó  lo  haces  mal! 

Pepa  Dispensa,  mujer;    otro    día   saldrá    mejor. 

(pausa.)  Oye,  ¿cuándo  te  voy  á  leer  la  carta 
de  Ricardo,  de  anteayer? 

Mer.  ¿Pa  qué?  ¡Dirá  lo  mismo  que  todas!  ¡Ya  la 

has  leído  tú,  y  me  lo  has  contao  como 
siempre! 

Pepa  Es  que  en  ella  te  decía  que  si  ibas  á  la  bece- 

rra de  los  pintores,  habíais  terminao. 

Mer.  Pues  le  contestas  diciendo  que  he  ido  y  que 

tire  por  donde  quiera.  [En  seguida  dejo  yo 
de  ir  ni  por  él  ni  por  nadie! 

Pepa  ¿Es  que  no  le  quieres? 

Mek.  Si;  ¿pero  voy  á  estar  como  una  monja?  No 

le  gusta  que  me  arregle,  ni  que  vaya  á  nin- 
guna parte.,.  A  otro  se  le  caería  la  baba  de 
ver  que  á  su  novia  la  traen  y  la  llevan  como 
á  una  reina...  y  á  él... 

Pepa  Pos  si  yo  tuviese  novio  me  compondría  sólo 

pa  él  y  me  daría  mucha  rabia  que  me  mira- 
sen los  demás.  Quedría  ser  pa  tos  muy  fea 
y  pa  él  la  más  guapa  del  mundo;  y  si  tenía 
celos,  me  pondría  la  mar  de  orgullosa,  pero 
en  seguida  se  los  quitaría  con  mucho  cari- 
ñito  y... 

Mer.  Calla,  mocosa,  ¿qué  sabes  tú  de  eso? 


—  17  — 

Pepa  [Es  verdad,  yo  no  sé  de  esas  cosas,  pero  las 

siento  y  me  hago  cuenta  de  que  son  verdad! 

Ya  está  esto. 
Mer.  Limpíame  las  botas.  ¡Mira  que  tener  que  ir 

con  boias  viejas!   ¡También  padre!...  ¡Tó  es 

poco  pa  él...  y  pa  mí  nada! 

PEPA  Y  lo  demás  pa  mí.  (Que  ha  entrado  en  la  alcoba, 

donde  ha  dejado  la  falda,  y  sale  con  un  par  de  botas 
de  cuero  color  perla.)  ¿Las  doy  grasa? 

Mer.  Las  das  lo  que  quieras  con  tal  de  que  que- 

den bien,  si  pué  ser  que  hagas  algo  bien. 

PEPA  (Limpiando  las  botas  con  un  paño.)  Pues,  Como  te 

decía,  yo  en  tu  caso  tendría  mucho  cuidao 
pa  que  no  se  me  escapase  un  novio  como 
Ricardo. 

Mer.  ¡Si  se  marcha,  otro  vendrá! 

Pepa  ¿Otro  como  él?  ¿Otro  que  gane  tres  duros 

diarios?  ¿Que  hable  tres  lenguas...  y  hasta  el 
catalán?  ¿Otro  que  sea  así  de  señorito  y  de 
guapo,  con  aquellos  bigotes  pa  arriba?  ¿Que 
vaya  siempre  en  automóvil  con  eeñoronas  y 
alterne  con  ellas  ..  y...  ¡vamos,  que  no! 

Mer.  Don  Luciano,  sin  ir  más  lejos,  tó  lo  que  hace 

es  porque  está  chalao  por  mí,  y  es  muy  rico. 

Pepa  ¡Pero  es  un  pintor  de  brocha  gorda!  ¡Ándate 

con  cuidao, porque  don  Luciano  no  se  acerca 
á  tí  con  buenas  intenciones! 

Mer  ¡Ya  salió  aquello!  ¿En  qué  novelón  has  leído 

eso?  En  cuanto  que  un  hombre  rico  se  acer- 
ca á  una  mujer  guapa,  ya  se  sabe!  ¡Maldita 
sea!...  ¡(Jon  tus  estupideces,  ya  me  ha  salido 
mal  este  bucle!  ¡Tó  se  me  cae! 

Pepa  ¡Aguarda  que  te  doy  mandolina  en  los  agüe- 

los! (Lo  hace.) 

Mer.  ¡Voy  hecha  una  facba!...  con  no  haber  podi- 

do ir  hoy  al  tocador!...  ¡Dame  el  desayuno, 
ó  si  no...  déjalo,  tomaré  café  con  ellos! 

Pepa  Oye;  mientras  te  vistes,  ¿por  qué  no  escri- 

bimos á  Ricardo? 

Mer.  ¡Bueno;  escríbele  tú,  como  siempre!  ¡A  ver 

si  le  convences  de  que  no  puedo  dejar  de 

ir  á  la  becerrada!  (Se  sienta  y  se   empieza  á  poner 

las  botas  quitándose    las   chanclas  que  habrá  sacado.) 

PEPA  ¡En  Seguida!  (Saca  de  la  cómoda,  papel,  tunero,  et- 


~   18  — 

cétera,  y  se  sieuta  á  escribir  en  la  camilla.)  La  ver- 
dad es  que  no  sé  qué  harías  tu  si  no  tuvie- 
ras secretado  particular.  (Escribe  con  gran  tra- 
bajo, casi  echada  sobre  la  mesa:  la  mano  agarrotada, 
la  cabeza  inclinadísima  y  sacando  un  palmo  de  lengua 
en  los  pasajes  difíciles.) 

Mer.  Ahora  voy  a  perder  yo  el  tiempo  que  tengo 

para  divertirme  en  aprender  á  escribir  como 
tú...  Pa  lo  que  sirve... 

Pepa  «Queri-dí-si-mo...    Ricardo:»    No    menees. 

«Me  alegraré  que  al  reci...  bo  de  ésta  estés 
bueno  como  yo.,,  deseo.»  ¡Maldita  sea!...  Se 
me  ha  cegao  la  o...  ¡Claro,  un  pelo!  ¡Es  que 
padre  da  con  la  pluma  tinta  al  sombrero! 
«Tan  lejos  y  pensar  en  el  peligro  que  corras 
corriendo  en  el  automóvil...»  Esto  me  ha 
salido  de  corrido. 

Mer.  (Levantándose   después   de   haberse  puesto  las  botas.) 

Dile  que  voy  á  la  becerrada,  porque  no  me 
da  la  gana  de  estarme  aquí  metida;  y  que 
no  sea  tan  celoso,  que  yo  no  me  meto  en  lo 

que  él  hace.  (Entra  en  la  alcoba.) 

PEr'A  ¡En  seguidita  le  digo  yo  esos  descaros!  (sigue 

escribiendo.)  «La  pena  que  me  entra...»  ¿Es- 
tará esto  claro?  (Música.) 

MER.  (Saliendo    con   la    falda    de  seda  puesta.)  ¿Todavía 

dura?  ¡Pues  di  que  es  una  novela  de  folletín! 
¡Habrás  puesto  la  mar  de  cursilerías! 

Pepa  ¡Ya  está!  ¡Arrea,  cómo  me  he  puesto  los  de- 

dos! (Manchados  de  tinta.)  ¡Calamares  en  tinta! 

Mer.  A  ver  lo  que  le  dices. 

Pepa  (Leyendo.)   «No  sabes  tú,  Ricardo,  la   pena 

que  me  entra  al  verme  compuesta  sin  que 
tú  puedas  verme;  pero  no  puedo  dejar  de  ir 
sin  buscar  un  compromiso  á  mi  padre.  No 
me  digas,  ni  en  broma,  que  vamos  á  reñir, 
porque  me  haces  de  llorar.  Sabes  que  no 
*  voy  por  mi  gusto,  Ricardo  de  mi  vida.  Tu 
Mercedes,  la  que  te  quiere,  se  queda  en  casa; 
la  que  va  á  la  fiesta  es  su  sombra.  Qué  ga- 
nas tengo  de  que  seas  tú  solo  el  que  mande 
en  mí  y  sólo  vaya  donde  tú  quieras.  Cuan- 
do te  doy  gusto  es  cuando  vivo  á  gusto.»  (se 

extingue  la  música.) 


—  ID  —   ' 

Mer.  No  te  ha  salido  tan  bien  como  otras  veces, 

pero  no  está  mal.  Firma  por  mí.  (lo  hace.) 

Pepa  ]Si  yo  supiera  escribir  too  lo  que  siento!... 

Pero  se  me  vienen  aquí  la  mar  de  cosas  bo- 
nitas, y  cuando  quiero  ponerlas.,  se  quedan 
dentro. 

Mer.  (Entra  por  una  blusa  lujosa  que  se  pone  frente   al  es- 

pejo.) ¡Échala  tú  al  correo!  ¿Dónde  está  ahora 
Ricardo? 

Pepa  ¡El  colmo!  ¡No  saber  dónde  está  su  novio!... 

[Ayer  llegarla  á  Burgos  ya  de  vuelta! 

Mek.  ¿Qué  más  da  un  sitio  que  otro!  ¡La  cuestión 

es  que  eches  la  carta! 

Pepa  ¡Si  me  da  padre  el  dinero! 

Mer.  ¿No  tienes  tú? 

Pepa  ¡Pero  vosotros  creéis  que  hago  moneda  falsa! 


ESCENA  VI 

DICHAS  y  SEÑA  PASTORA,   con  un   lío  envuelto  en  un  pañuelo 

Pepa  (ai  verla.)  ¡  Madrina! 

Mer.  ¿Me  trae  usté  el  mantón? 

PaS.  (sentándose  jadeante.    Habla  con  acento  andaluz.)  ¡Sí, 

hija,  sí!  ¡Pero  déjame  descansa!   ¡Josú,  qué 

escalera! 
Pepa  ¡Noventa  y  seis  escalones! 

Pas.  No  me  extraña  que  el  pobresito  de  vuestro 

padre  esté  enfermo  del  pecho,  y  eso  que  la 

subirá  despasio. 
Pepa  Ya  ve  usté:  anoche  la  empezó  á  subir  á  las 

once  y  no  ha  llegao  aquí  hasta  las  siete  y 

media. 

PaS.  ¡Ay!  (Dando  un  grito  y  levantándose.) 

Las  dos       ¿Qué  es  eso? 

Pas.  ¡La  mesa  con  tinta  derrama!  Aquí  va  á  su- 

sedé  argo  malo.  Por  tu  salú  escupe  y  besa 

enseguía  una  cosa  de  hierro. 
Pepa  ¡Ja,  ja! 

Pas.  ¡Sí,  sí,  ríete!   ¿Crees  que  too  son  tontería? 

Pos  mira  tú,  ayé  como  era  martes  y  trese, 

no  quería  yo  salí  de  casa...  pero  salí,  y  en 


—  20  — 

cuanto  serré  el  portón,  me  atropieso  con  un 
tuerto. 

Pepa  ¿Y  le  escupió  usté? 

Pas.  A  los  dos  pasos  me  veo  un  entierro,  me 

quedo  asín  para,  y... 

Pepa  ¡Le  quitaron  á  usté  el  portamonedas! 

Pas.  ¡Quiá,  hija!  ¡me  tendrían  que  desnuda!  Pero 

en  estas  veo  á  un  joroban,  le  quiero  restre- 
gá  un  désimo  por  la  jiba,  er  tío  lo  ve...  y 
me  puso...  ¡Lo  menos  que  me  llamó  fué 
bruja!  ¡Carcúlate  tú!...  Pasé  una  sofocasióm 

Pepa  Pero,  ¿no  le  pasó  usté  el  décimo? 

Pas.  ¡Ah,  eso,  aunque  me  hubiera  llamao  perra 

judía! 

Mer.  Vamos,  tía,  saque  usté  el  mantón. 

Pas.  ¡He   traío  tres,  pa  que  escojas!  ¡Miá  este! 

¡Quita  er  doló  de  estógamo!  (saca  un  mantón.) 

PEPA  ¡Ay,  qué  bonito!  (Entusiasmada.) 

Mer.  ¡Pshl  ¡no  está  maJ!  (indiferente.)  ¡Mejor  podía 

serl 

Pas.  ¡Mira  qué  fleco!...  ¡Mira  qué  bordao!  Me  lo- 

rian dao  pa  vendé,  pero  antes  lo  vas  á  lu- 
sir  tú. 

PePA  (Que   se    habrá   arrodillado   para    mirar    el    mantón.) 

¡Paecen  de  veras  las  floresl  ¡Lo  que  valdrá 

esto! 

PaS.  Ten  cuidado  al  ponértelo.  (Mercedes  se  lo  pone.) 

Pepa  (Entusiasmada.)  ¡Ole  las  mujeres  bonitas!  ¡Es- 

tás pa  comertel  ¡Pero  muévete,  no  seas  sosa! 
¡Ay!...  ¡si  yo  me  viera  con  uno  así...  las  cosas- 
que  haría! 

Mer.  ¿Q"é  hay  que  hacer? 

Pepa  Cantar...  bailar...  y  empezar  á  darse  pataí- 

tas...  ¡Rompe,  mujer,  rompe  de  una  vez! 

Música 


Pepa  No  hay  mujer  que  esté  fea 

con  mantón  de  Manila 


y  por  sosa  que  sea 
el  mantón  la  espabila, 
que  sus  vivos  colores 
nos  alegran  el  alma 


_  21  — 

y  en  sus  tonos  y  flecos 
pierde  el  hombre  la  calma. 
Se  coloca  de  mil  modos 
y  el  saberlo  manejar 
es  lo  mismo  de  sencillo 
que  saber  coquetear. 

Mer.  Es  verdad. 

Fas.  Claro  está. 

Yo  ya  sé  que  estoy  guapa 

Pepa  con  mantón  de  Manila 

y  lo  llevo  con  gracia 
y  se  mueren  de  envidia. 

Pas.  Pa  llevarlo  con  gracia 

te  falta  un  no  sé  qué, 
cuando  yo  me  lo  ponga 
ya  te  enseñaré. 

Pepa  ¿Usté? 

Mer.  ¿usté? 

Pas.  Sí,  ¿y  qué? 

Las  dos  ¡Jé!  ¡jé! 

Pepa  Bien  va. 

Mer  .  Bien  va. 

Pepa  Ahora  se  verá. 

Pas.  Venga  un  mantón 

que  voy  á  daros 
una  lección 

Mer  .  Venga  de  ahí. 

mirar  aquí 
y  aprenderéis 
las  dos  de  mí. 


Pepa  Si  sale  una  chulapa 

castiza  y  neta 
con  su  mantón  de  flecos 
y  marchando  así... 

Las  dos  Ole. 

Pepa  Los  hombres  á  su  paso 

se  vuelven  locos 
y  gritan  al  mirarlas 
ole  por  Madrid. 
¡Gracia! 
¡Y  al  ir  á  una  corría 
la  nota  de  alegría 


—  22  — 

la  dan  las  madrileñas 

con  su  pañolón! 
Todas  Lo  lleve  así  terciado 

ó  bien  lo  lleve  así, 

ole  por  las  mujeres 

castizas  de  Madrid. 
La  prueba  está  en  nosotras  tres 
que  lo  llevamos  bien,  ¡chipén! 

Hablado 

Mer,  ¡Basta,   chiquilla,   que   parece  que  te  ha» 

vuelto  loca!  ¡Qué  patarra  tienes! 
Pas.  Di  que  no  has  estao  pesáa,  sielito. 


ESCENA  Vil 

EICHAS    y    VÁZQUEZ,    después   LUCIANO 

VÁz.  Pero,  ¿bajas  ó  no? 

Pepa  ¡Mujer,  ponte  las  flores!...  Deja  que  te  las 

prenda,  (lo  hace.) 

Váz.  ¡Hola,  Pastora!  ¡A preciable  cuñada! 

Pas.  ¿Verdá  que  está  guapa?  Asín  era  yo  de  pre- 

siosa  á  su  edad,  ¿te  acuerdas? 

VÁz.  Me  acuerdo  que  te  llamaban  en  Cádiz  la  vi- 

ruela loca. 

Mer„  ¡Ay,  estúpida!   ¡Me  has  clavado  una  invisi- 

ble imbécil!  (Dándole  un  cachete  á  Pepa.) 

Pas.  ¡Eh!  ¡No  pegues  á  la  niña! 

LüC.  (En  la  puerta.)  VamOS. 

Mer..  Hasta  luego. 

Luc.  ¡Ole  las  mujeres  sabiendo  componerse!   El 

brazo. 

Pas.  Vázquez,  esta  es  tu  mejor  obra. 

VÁz.  ¡Porque  no  fuiste  tú  el  modelo! 

Pepa  No  la   hay   más  guapa  en   todo    Madrid. 

¡Dame  un  beso! 

Mer.  Déjame,  mujer,  que  me  desarreglas.   (Apar- 

tándola con  malos  modos.)  No  vaya  usté  tarde» 
padre.  (Vanse.) 

VÁz.  A  la  hora  de  comer. 

Luc  Andando. 


—  23  — 

PAS.  Voy  á  verla  salir,  (a  la  ventana  del  foro.  Vázquez 

se  sienta  y  se  queda  dormido.) 

PffPA  (Viéndola  salir  desde  la  puerta.)  ¡Que  te   diviertas 

munho!...  |  Arrecógete  el  mantón  por  la  dere- 
cha!... ¡Adiósl...  ¡adiós!...  ¡Qué  guapa  va!  ¡Lo 
que  se  van  á  divertir!...  y  yo...  (Transición.) 
Padre,  ¿por  qué  no  me  lleva  usté  á  la  bece- 
rra? ¡No  voy  á  ningún  sitio!...  ¡Quiero  ver  los 
toros!...  ¡la  alegría  de  la  plaza!...  ¡ir  vestida 
como  mi  hermana!...  ¡que  me  echen  flores!..» 
¡que  me  digan  cosas!....  ¡Padre!... 

Pas.  (resde  la  ventana.)  ¡Ya  sale!...  Vaya  una  de  re- 

quiebros que  la  echan...  ¡Qué  ovación  la 
han  dao!... 

PEPA  (Arrodillándose  delante  de  su    padre.)  ¿Verdá,   pa- 

dre, que  me  va  usté  á  llevarí  Ale  dejarán 
la  ropa...  ¿oye  usté?  ¡Dormido!...  ¡Pa  mí  dor- 
mido siempre!...  ¡Pa  ellos  no  soy  nal...  Sí, 
soy  la  esclava.  ¡Pa  ella,  las  fiestas,  la  alegría, 
la  alegría,  la  vida!...  Pa  mí,  las  sobras,  el  tra- 
bajo, los  coscorrones...  (Levantándose.)  ¿Y  por 
qué?  ¡Ea,  yo  quiero  ir  y  voy!...  ¡Por  estas, 
que  voy!  ¡Ronque  usté!. .  ¡que  lo  que  es  por 
hoy,  no  se  queda  en  casa  la  Cenicienta!  (Te- 
lón rapidísimo.) 


MUTACIÓN 


—  24   - 


CUADRO   SEGUNDO 

Calle  corta  de  los  Barrios  bajos:  la  fachada    de  la    casa  de   Vázque» 
con  puerta  de  portal,  etc. 


ESCENA  VIII 

VÁZQUEZ,  saliendo  de  la  casa  con  un  lienzo  de    «Bodegón»,    debajo 
del  brazo 

VÁz.  (cantando.)  «  Vamos  á  los  toros,  vamos  sin  tar- 

dar...! Sí,  pero  primero  hay  que  vender  este 
aperitivo.  ¡  La  verdad  es  que  este  besugo,  está 
diciendo  comedme!  ¡Lástima  que  no  diga 
compradmel  Yo  le  vendo,  aunque  sea  al 
peso.  ¿Cuánto  pesaría  este  besugo  si  pesta- 
ñearan Unos  dos  kilos...;  á  siete  reales...  sa- 
len catorce...  De  catorce  reales,  salen  veinte 
quinces,  y  sobran  cincuenta  céntimos  para 
el  tranvía;  porque  cualquiera  vuelve  andan- 
do con  tres  pesetas  de  mosto  dentro  del 
cuerpo.  Son  las  diez.  A  las  once,  be  vendido 
el  cuadro;  á  las  once  y  media,  me  he  bebido 
el  cuadro;  y  á  las  doce,  llego  al  Puente  he- 
cho un  cuadro...  almuerzo,  y...  como  estarán 
de  baile  y  yo  no  bailo,  puedo  dormir  otro 
ratito,  mientras  bailan  todos  los  objetos  á 
mi  alrededor,  y  así  me  inspiro  para  el  gran, 
cuadro  que  voy  á  pintar.  ¡Hasta  el  título  es 
revolucionario!  «El  vino  gratis.»  ¡Menuda 
revolución  si  fuera  verdad!  En  primer  tér- 
mino, Noé;  en  segundo  término,  yo;  y  al 
fondo  el  arca.  Lo  malo  es  el  modelo  del 
arca:  tiene  que  ser  un  tonel  de  cien  arrobas, 
lleno,  y  mientras  dure  el  modelo...  cualquie- 
ra pinta. 


—  25  — 

ESCENA  IX 

VÁZQUEZ  y  RICARDO,  vestido  de  «chauffer» 

Ríe.  Buenos  días,  señor  Vázquez. 

VÁz.  ¡Atiza!  ¡Usté  es  de  magia!  ¿No  estaba  usté 

en  Burgos? 

Ríe.  Anoche  llegamos,  pero  la  Duquesa  se  queda 

allí  unos  días  en  su  palacio,  y  yo  he  venido 
con  unos  encargos.  Esta  tarde  me  vuelvo. 

VÁz.  ¿Sin  dejar  descansar  el  automóvil?  ¡Le  echa- 

rá usted  un  buen  pienso! 

Ríe.  Usted  siempre  de  broma.  No  he  querido  es- 

tar en  Madrid,  aunque  sólo  sean  unas  ho- 
ras, sin  ver  á  Mercedes.  ¿Está  en  casa? 

VÁz.  (Eludiendo  la  respuesta.)  ¿Y  cuánto  ha  tardado 

usted  de  Burgos  aquí? 

Ríe.  Siete  horas. 

VÁz.  Me  gustaría  hacer  ese  viaje,  pero  sin   prisa, 

deteniéndome  en  todos  los  paradores  del 
camino. 

Ríe.  ¿Para  tomar  apuntes? 

VÁz.  Para  tomar  medias  copas. 

Ríe.  Usted  tan  trabajador  como  siempre. 

VÁz.  ¡Como  siempre!  En  cuanto  me  levanto,  á 

pintar. 

Ríe.  ¿Le  cundirá  á  usted  mucho? 

VÁz.  Como  me  levanto  al  oscurecer...  en  seguida 

se  acaba  la  luz...  y  yo,  con  luz  artificial,  no 
pinto.  ¡Luego  huelen  todos  los  manjares  á 
petróleo! 

Ríe.  ¿Y  dice  usted  que  Mercedes  está  en  casa? 

VÁz.  Hombre,  como  estar...  la  verdad;  ¡no  está! 

Ríe.  ¿Pero  volverá  pronto? 

VÁz.  Si  la  cosa  no  se  enreda,  yo  calculo  que  á  las 

diez  de  la  noche...  ya  no  habrá   quien  baile. 

Ríe.  ¿Pues  dónde  ha  ido? 

VÁz.  A.1  Puente  de  Valleca3.  ¿No  le  ha  dicho  á 

usté  que  es  la  presidenta  de  la  becerrada  de 
los  pintores? 
Ríe.  ¡Se  empeñó!  Hace  bien,  si  usted  la  deja. 


-  26  — 

VÁz.  ¿Sabe  usté  lo  que  debe  hacer?  No  ir-:e  esta 

larde  á  Burgos  y  venirse  á  la  becerrada,  así 
1h  daba  usted  á  la  chica  una  sorpresa,  y 
así...  ¡me  bajaba  usté  á  mí  en  el  automóvil! 

Ríe.  Mas  vale  que  no  vaya,  señor   Vázquez.  Lo 

mejor  es  que  me  vuelva  por  donde  he  veni- 
do, y  si  te  vi,  no  me  acuerdo. 

VÁz.  (¡Anda,  ya  me  tuteal) 

Ríe.  Su  hija  de  usted  es  una  mujer  comprome- 

tedora, caprichosa  y  dominante! 

VÁz.  ¡A.  quién  se  lo  cuentas!  (Ya  le  tuteo  yo  tam- 

bién.) 

Ríe.  Así,  que  lo  mejor... 

VÁz.  ¡Usté  está  acalorao,  joven!  ¡Necesita  refres- 

car! Mire,  ahí  en  la  esquina,  hay  un  Argan- 
da  de  primera 

Ríe.  Gracias;  no  bebo. 

VÁz.  (¡Qué  bárbarol) 

Ríe.  No  la  diga  usted  que  me  ha  visto;  yo  la  es- 

cribiré. 

VÁz.  Pues  buen  viaje,  y...  ¿hasta  cuándo? 

RlC.  ¡Hasta  nunca!  (Se  queda  pensativo.) 

VÁz.  ¡Demoniol  (¡Ah,  vamos,  despedida  de  chauf- 

feur! ¡Como  se  puede  estrellar  dentro  de  cin- 
co minutos!...)  ¡No  piense  usted  cosas  tris- 
tes!... ¡Engrásele  usté  bien  y  no  corra  mu- 
cho!... Adiós,  Ricardo.  ¡Qué  triste  se  queda! 
¡Claro,  un  hombre  que  no  bebe,  cómo  se  va 
á  alegrar!  ¿Qué  harán  todo  el  día  los  que  no 
beben?...  ¡No  lo  entiendo!  (vase.) 


ESCENA  X 

RICARDO,  la  SEÑA  PASTORA  y  PEPA  saliendo  de  la   casa 

Ríe.  Sí;  eso  es  lo   mejor;  la  escribo,  y  si  no  me 

quiere,  que  me  lo  diga  de  una  vez. 

Pas.  ¡Josú!  ¿Pero  estás  loca,  chiquilla? 

Pepa  ¡  Pues  yo  quiero  ir,  madrina,  yo  quiero  ir! 

¡Ay!  ¡Ricardol.. . 

Ríe.  Me  alegro  encontrarlas. 

Pas.  Hola,  señor  chaufer.  (como  está  escrito.) 


—  2?  — 

Pepa  ¿Venía  usted  á  casa? 

Ríe.  Sí,  pero  he  visto  á  su  padre  y  me  ha  ente- 

rado de  que  Mercedes,  á  pesar  de  mis  rue- 
gos, se  ha  ido  de  jarana  con  los  pin  toree. 

Pepa  No  se  enfade  usté  con  ella;  no  quería  ir;  ha 

ido  á  la  fuerza...  ¿Verdad? 

Pas.  ¡Casi  arrastra!...  ¡Pobresilla  mía! 

Pepa  Por  dar  gusto  á  mi  padre...  Ya   ve  usté,  an- 

tes de  salir  escribió  esta  carta  para  usté... 
¡que  yo  iba  á  echar  ahora  al  correo!  Léala, 
verá...  (Se  la  da.) 

RlC .  Con  permiso.  (Lee  la  carta.) 

Pepa  ¡Madrina,  que  yo  quiero  ir  á  la  becerrada!... 

¡Usté  es  buena  para  mí!  ¡Usté  lo  pué  hacer 
too!...  ¡Vístame  usté  como  á  mi  hermana!... 
No  es  mucho  lo  que  pido,  ¿verdá,  madrina? 
¿Me  llevará  usted? 

Pas.  ¡Vaya,  tiés  más  razón  que   un  santo!  Des- 

pués de  tó,  más  te  lo  mereses  que  la  loca  de 
tu  hermana. 

Pepa  Eso  no,  pero... 

Pas.  ¡Bien  sabe  Dio  que  eres  lo  que  más  quiero 

de  toa  la  familia!  ¿Quieres  ir  á  la  corría? 
Pues  irás:  te  pondré  mi  pañolón  güeno,  mi 
sarsiyo,  mis  sortija...  y  too  lo  que  quieras, 
¡ea! 

Pepa  ¡Ay,  qué  alegría!...  ¡Gracias,  madrina!  ¡Cuán- 

to la  quiero  á  USté!  (Abrazándola  y  besándola,) 

Pas.  (¡Probesilla!  ¡Tenía  un  capricho!    ¡Ar  fin, 

mujé!) 

RlC.  (Acercándose,  después  de  terminada  la    lectura.)  ¡Lo 

de  siempre!  Mucha  palabrería,  y... 

Pepa  ¿Le  ha  disgustado  á  usté  la  carta? 

Ríe.  ¿Tú  la  has  leído? 

Pepa  (Turbada,)  ¡Sil...  Así...  por  encima... 

Pas.  Es  por  donde  se  leen  las  cartas. 

Ríe.  Pues  ya  ves  que  no  siente  lo  que  escribe. 

Pepa  ¡Qué!...  ¿Está  mal  escrita?  (con  pena.) 

Ríe.  ¡Demasiado  bien,  para  hacer  lo  que  hace! 

No  parece  sino  que  son  dos  personas  dis- 
tintas; una  la  que  escribe,  y  otra  Mercedes. 

Pepa  (¡Ay,  Dios  mío!)  (Muy  apurada.) 

Pas.  Cualquiera  se  la  da  á  un  chauffer. 

Pepa  Mercedes  le  quiere  á  usted  mucho. 


—  28  - 

Ríe.  ¡Poco  se  conoce!  De  todos  modos,  ella  y  yo 

no  podemos  entendernos.  Me  firi  á  San  Se- 
bastián convencido  de  que  era  imposible 
corregirla  y  dispuesto  á  terminar;  solóme 
detuvieron  sus  cartas,  sus  cartas  cariñosas  y 
expresivas  que  me  vuelven  loco.  ¡Si  Merce- 
des fuese  como  aparece  en  ellas!...  ¡Pero  cá; 
es  otra! 

Pepa  Ella  hace  las  cosas  sin  malicia. 

Ríe.  Estoy  resuelto.  Con  ella  sería  desgraciado. 

Pepa  (suplicante  y  cariñosa.)  ¡Por  Dios,  Ricardo!  ¡No 

riñan  ustedes!...  ¡No  la  deje!...  ¡Yo  la  ha- 
blaré! 

Ríe.  Gracias.  Dale  buenos  consejos,  que  falta  la 

hacen...  Pero  otra  cosa,  no.  Adiós. 

Pepa  Ricardo... 

Pas.  Don  Ricardo... 

Pepa  ¿Y  se  va  usté  de  Madrí  sin  verla...  sin  ha- 

blarla? 

Pas.  Eso  está  feo. 

Ríe.  ¡Más  feo  estaría  lo  que  tendría  que  decirla! 

Pepa  Baje  usté  al  Puente  con  nosotras;  la  habla- 

remos, la  convenceremos... 

Ríe.  ¡No,  Pepa,  no!  Tú  tienes  muy  buen  corazón 

y  la  juzgas  á  ella  por  lo  que  tú  eres.  ¡Crée- 
me, hija  mía!  ¡Hay  cosas  que  no  tienen 
arreglo!  ¡Adiós!  (víase.) 


ESCENA  XI 

PEPA  y  SEÑA  PASTORA 

Pepa  ¡Ricardo!... 

Pas.  ¡Don  Ricardo!... 

Pep\  (Muy  triste.)  ¡Se  va! 

Pas.  ¡Ya  lo  veo! 

Pepa  ¡Y  ella  será  capaz  de  dejarle  marchar...  y 

de  reñir  para  siempre!...  ¡Qué  lástima!  Si  yo 

estuviera  en  el  pellejo  de  mi  hermana... 
Pas.  ¡Tu  hermana  es  una  cabeza  loca!...  ¡Pero 

allá  ellos! 
Pepa  ¡Un  hombre  tan  bueno,  tan  simpático!...  La 

única  persona  que  me  trata  bien  en  el  mun- 


—  29  — 

do.  i  Ya  ve  usté;  riñe  con  padre  cuando  me 
pega;  no  quiere  que  me  dejen  sola  en  casa!... 
¡cuando  trae  pasteles,  me  da  á  mí  también! 
Y  un  día  me  encontró  en  la  escalera  con  el 
cántaro  grande,  y  quieras  que  no,  me  lo 
subió  él  mismo  y  después  le  dijo  á  padre  y 
á  Mercedes  la  mar  de  cosas  feas.  ¡Y  dejar 
escapar  un  hombre  de  tan  buen  corazón, 
tan  guapo,  tan  bueno,  tan  elegante!...  ¡Qué 
rabia!  (casi  llorando.) 

Pas.  ¡Ay,  Josú,  Josú,  lo  que  se  me  está  ocurrien- 

do! 

Pepa  ¿El  qué,  madrina? 

Pas.  ¡Josú,  Dios  mío!...  ¡Josu!...  ¡Tú  estás  chala 

por  ese  hombre! 

Pepa  ¿Yo?  ¡Qué  disparate!...   Si  es  el  novio  de  mi 

hermana.  (Asustada  ) 

Pas.  ¿Y  qué?  También  tu  padre  era  mi  novio  y 

mi  hermana  me  hizo  er  favo  de  enamorar- 
se de  él!...  ¡Ay!  ¡Las  veces  que  le  he  dao  las 
grasias!...  ¿Pero  estás  llorando? 

Pepa  ¡Sí,  pero  es  de  rabia! 

Pas.  ¡No  tiés  tú  mala  hirdofobia  por   él!    ¡A y, 

Josú!...  ¡Lo  dicho!...  ¡liise  hombre  se  te  ha 
metió  sin  notarlo  en  la  guardilla  trastera!... 
¡Josú,  qué  conflicto  familiar! 

Pepa  Pero  si  yo  no... 

Pas.  ¡Claro!  Tú  eres  la  que  le  escribe  esas  cartas 

que  le  güer^en  loco...  que  le  entusiasman... 
¡Josú,  Josú!...  ¡Ay,  probesilia  ..  que  te  ha 
picao  en  lo  jondo  er  microbio  de  la  perdi- 
sión!  ¡No  me  lo  niegues! 

Pepa  ¡No  sé,  madrina!...  ¡Yo  no  entiendo  de  esas 

cosas!... 

Pas.  Pues  si  llegas  á  entendé... 

Pepa  Yo  sólo  sé  que  no  quiero  que  deje  de  ir  á 

casa;  que  no  quiero  que  sea  desgraciado  y 
que  me  pongo  muy  contenta  cuando  le 
oigo  decir  que  mis  cartas  le  gustan  tanto. 

Pas.  ¡Pues  verde  y  con   asa!  Y  después  de  tó, 

bien  meresío  se  lo  tiene  tu  hermana...  y 
bien  te  lo  mereses  tú...  y  bien  se  lo  merese 
él...  y  ahora  voy  á  ser  tu  madrina  de  vera... 
y  poco  he  de  podé  ó  pierdo  er  nombre  de 


—  30  — 

bruja  que  tengo...  ó  te  caso  con  ese  chava- 
lillo. 

Pepa  ¡No,  por  Diusl  ¡Sí  yo  no  le  quiero!  ¡Si  yo 

quiero  que  se  arregle  con  mi  hermana! 

Pas.  ¿Qué  has  de  querer  tú  eso? 

Pepa  ¡Si  no  puede  sei!...  Si  aunque  yo  le  quisiera, 

yo  no  le  quiero,  ¿eh?  Soy  tan  fea  y  Mercedes 
tan  guapa  y  tan  elegante...  y  yo...  ¡Cómo  se. 
había  de  fijar  en  mí,  si  parezco  la  puerca 
Cenicienta!  ¡No  por  Dios!...  Madrina...  si  ese 
hombre  lo  supiera...  se  reiría  de  mí. 

Pas.  ¿Reírse?...  ¿reírse  de  tí?...  ¡Ya  verás  tú  si 

eres  fea!...  ¡Ale  pa  casa!...  ¡A  ponerte  gua- 
pa!... ¡Y  procura  entra  en  er  porta  con  er 
pie  derecho  y  al  subir  la  escalera  escupe 
por  la  barandilla,  y  santigúate  tres  veses 
con  la  mano  disquierda...  y  en  cuanto  lle- 
gues, te  sientas  de  espardas  ar  barcón  en 
una  silla  coja...  y  lo  demás,  déjamelo  á  mil 

¡Vamos!  (Emryujáudola  cariñosamente.) 

Pepa  Pero  madrina... 

Pas.  ¿Te  vas  á  hacer  de  rogá  y  lo  estás  desean- 

do?... ¡Anda,  y  que  no  se  te  orvíe  escupí  por 
la  barandilla...  y  ar  salí,  te  pone  en  la  liga 
erecha  un  estropajo  nuevo...  y  te  atas  una 
guita  doble  ar  deo  der  corasón!... 

Pepa  ¿Poi  qué  le  habré  dicho  ná? 

Pas.  ¡Josú!...   ¡Pero  qué  bestias   que  somos   l.is 

personas!...  (Mutis.  Telón  rápido. 


MUTACIÓN 


—  31  — 


CUADRO  TERCERO 

Un  merendero  del  Puente  de  Vallecas.  Al  foro  y  en"  lo  alto  se  Te  el 
puente.  Un  piano  de  manubrio  y  algunas  mesas  y  banquetas  con- 
venientemente repartidas  por  la  escena.  Hacia  el  foro  habrá  un 
juego  de  rana,  al  que  tirará  tejos  Vázquez  cuando  se  indica.  Al 
levantarse  el  telón  todos  los  personajes  aparecen  bailando  al  son 
del  organillo. 


ESCENA  Xn 


VÁZQUEZ,    ANDRÉS,    MERCEDES,  el  SEÑOR    LUCIANO,    RUBIA, 

PACO,  PINTURAS  y  CORO    GENERAL.    Las  mujeres  con  mantones 

de  Manila  unas  y  otras  negros  de    talle.  El  piano  toca  una  habanera 

sin  cesar  hasta  que  <?e  indique 


Luc. 

Mer. 
Luc. 
Mer. 
Váz. 


Rubia 

Váz. 

Rubia 

Váz. 

Paco 

Váz. 
Paco 
Váz. 

Rubia 

Pxco 

Váz. 


(Bailando  con  Mercedes.)  ¿Pero  de  veras  no  tiene 

usted  novio? 

¡Soy  más  libre  que  una  República! 

Eso  será  hasta  que  yo  quiera. 

¡Claro,  en  queriendo  usted  y  yo!... 

(A  la  Rubia,  que  pasa  bailando  con  Paco.)  Olga  US- 

ted,   morenita,   ¿quiere   usted  servirme   de 

modelo  pa    pintar   una  maja  como  la  de 

Goya? 

¿Cómo  era? 

Desnuda  de  medio  cuerpo  arriba. 

¿Y  de  medio  cuerpo  abajo? 

¡En  cueros! 

(Amoscado,    dejando    de  bailar    y  encarándose.)    ¿Le 

sirvo  á  usted  yo? 

¿Es  usted  modelo? 

¡Modelo  de  maridos! 

Entonces  me  sirve  usted  pa  cuando  copie 

Los  gansos  del  Capitolio. 

¡Déjale!  ¡Está  borracho! 

Si  le  doy  así...  (Sigue  bailando.) 

¿A  mí,  á  mí,  émulo  de  Goya?  ¡Viva  Goya! 
¡Abajo  Villegas!  ¡Guerra  á  los  coloristas!... 

(Bebiendo  sin  cesar.) 


—   32  — 


And. 
Váz. 

Pin. 

Todos 

Mek. 
Unos 
Otros 
Váz. 

Todos 
Váz. 

Todos 
Váz. 

Todos 


¡Cállase  usted,  hombre! 

¡No  me  callo  mientras  no  se  calle  el  manu- 

briol  (Calla  el  piano.) 

Dejadse  ya  de  bailar.  ¿Vamos  á  ver  los  be- 
cerros? 

¡Ül  Último,  el  Último!    (Cesa  el  organillo  y  dejan 
de  bailar.) 

Un  chotis! 
La  Machicha! 
Sí,  sí,  la  Machicha! 

(Levantándose.)  No;  yo  me  bailo  con  quien 
quiera  el  baile  de  los  juerguistas. 
¿Cuál,  cuál? 

¡La  turca  filosófica!  La  que  os  enseñé  el  do- 
mingo. 
¡Bien,  bien! 

¡Pues  duro,  venga  vino!  ¡Mientras  más  vino 
más  turca!  ¡Haced  corro! 

¡Venga,  venga!  (Beben  y  hacen  corro.) 


Música 

VÁz.  Es  la  turca  filosófica 

una  danza  filoxérica 
que  resulta  algo  estrambótica 
por  lo  mismo  que  es  jumérica. 
No  es  bastante  sicalíptica 
para  que  sea  inmoral, 
pero  es  su  mijita  elíptica 
y  un  poquito  esferoidal. 


Hasta  salva  sea  la  parte 

se  arremangan  las  chiquillas, 

porque  hoy  día  ya  no  hay  arte 

sin  lucir  las  pantorrillas. 

Se  agachan  los  caballeros 

como  el  que  se  va  á  caer, 

y  miran  así  pa  arriba 

]>a  ver  lo  que  pueden  ver, 

y  un  tiento  al  buen  morapio. 

un  tiento  á  la  pareja, 

y  así  entre  tiento  y  tiento 

Dios  pierde  la  cabeza, 


—  33  — 


Todas 


Todos 
Váz. 
Hombres 
Váz. 


y  con  cierto  abandono 

se  deja  uno  caer 

bailando  muy  pegados 

el  hombre  y  la  mujer.  (Bailan.) 

Con  mucha  suavidaz 

se  marca  el  baile  así, 

pues  no  hay  mejor  lección 

que  un  buen  gachí. 

Qué  dulce  placidez. 
No  abusar,  que  no  estoy  borracho  del  todo. 
Me  gusta  á  mí  esta  languidez. 
Yo  abusaré  de  mi  pareja. 

(Vázquez  baila  con  una  bota  de  vino  por  pareja.) 


Hombres  Moved  las  caderitas 

saliéndose  de  quicio 
pa  que  los  caballeros 
perdamos  tos  el  juicio. 


Señoras 


Así  se  hará, 
toma  cadera 
que  estoy  disloca. 


Hablado 

Luc.  ¡No  sabía  yo  que  era  usted  tan  flexible  de 

músculos! 

Váz.  Se  hace  lo  que  se  puede. 

Luc.  (a  Mercedes.)  ¿Sabe  usted  que  su  padre  es  un 

gran  punto? 

Mer  .  |Como  su  hija! 

Luc.  ¡Ole  las  mujeres  privilegiadas  por  la  natu- 

raleza! 

Mer  .  ¿Qué  privilegio  tengo  yo? 

Luc.  El  de  disponer  de  todo  lo  mío. 

Mer.  ¡Ole  los  pintores  generosos! 

Váz.  ¡Señores,  ha  llegado  el  momento  de  beber! 

Pin.  Ese  ha  llegao  desde  que  hemos  llegao.  No 

hace  usté  otra  cosa. 

Váz.  Pero,  ¿hay  alguna  otra  cosa  que  hacer  en  la 

vida? 

Pin  .  ¿Y  cuándo  vamos  á  ver  los  becerros? 

3 


—  34  — 

Mer  .  ¡Tiene  razón!  Subamos  á  la  plaza  mientras 

se  hace  el  arroz. 
Pin.  El  becerro  más  grande,  se  lo  brindo  á  usté. 

(A  Mercedes.) 
V  AZ.  (Brindando  ridiculamente  con  una  copa  y  una  botella 

y    bebiendo   cada   vez  que   dice    «brindo».)    ¡Brinde 

por  usíal...  ¡Por  toda  la  compañía!... 


ESCENA  XIII 

DICHOS.  PASTORA   con  mantón  negro  de  talle  y  muenas  alhajas,  y 

"tras  ella  PEPA,  con  mantón  de  Manila,  falda  de  seda,  peinecillos  de 

relumbrón,  sortijas  y  muchas  flores  en  la  cabeza  y  pecho 

Pas.  ¡Aquí  estamos  tos! 

VÁz.  ¡Mi  cuñada! 

Pas.  ¡Y  la  chavalilla! 

PeP  v  ¡Presentel  (Saliendo  contenta  y  risueña.) 

Vaz.  ¡Anda,  la  chica! 

Pepa  ¿Qué  tal  estoy,  padre? 

VÁz  ¡Me  la  han  restaurao!    ¡Si  paece  una  per- 

sona! 

Mer.  (con  malos  modos )  ¿A  qué  has  venido  tú,  es- 

túpida? 

Pepa  (con  humildad.)  ¡Hija...  á  lo  que  tú!...  ¡A  diver- 

tirme!... ¡a  bailar...  á  llamar  la  atención  si 
puedo,  y  á  sacar  un  novio  que  me  está  ha- 
ciendo muchísima  falta! 

Todos  ¡Já,  já! 

Luc.  ¡Tiene  razón! 

Pin.  ¡Miá  la  fea  del  ole  cómo  se  explica! 

Mer.  ¡Hasta   los   gatos  quieren  zapatos!...  ¡Pues 

maldita  la  falta  que  hacías  aquí!  ¡Te  podías 
haber  quedao  en  casa  fregando,  y  no  vetar 
á  meter  la  pata! 

Luc  Pues,  ¿qué  ha  hecho  la  chica? 

Mer,  (Rabiosa.)  ¡Defiéndala  usté!  ¡Valiente  adefe- 

sio!... ¡Já!  ¡já!...  Site  lo  tengo  dicho:  aunque 
la  mona  se  vista  de  seda...  ¡Já,  já! 

VÁz,  (¡Eso  de  la  mona,  lo  debe  haber  dicho  por 

mí!) 

Pepa  ¿Tan  fea  vengo? 


—  35   - 


VÁz.  ¡Si  me  la  han  revocao  hasta  la  fachada!... 

¡Estás  casi  guapa! 

Mer.  ¡Sí,  preciosa!...  ¡no  te  desnudes! 

Pepa  ¿Pero,  es  que  ustedes  se  habían  creído  que 

yo  no  era  más  que  una  burra  de  carga,  que 
solo  servía  pa  subir  cántaros,  fregar  sueles... 
y  llevar  estacazos?...  ¡Es  que  han  confundió 
ustedes  el  ser  trabajadora  y  buena,  con  ser 
tonta  y  despreciable!...  ¡Y  yo  soy...  como  las 
demás!...  ¡No  soy  más  que  nadie,  pero  tam- 
poco soy  menos!  ¡Soy  como  deben  ser  toa& 
las  mujeres;  que  sirvan  lo  mismo  pa  unfre- 
gao  que  pa  un  barrido:  una  bestia  pa  el  tra- 
bajo, cuando  hace  falta;  una  bailarina  pa  la 
juerga,  cuando  tocan  á  bailar:  saber  mane- 
jar los  zorros,  lo  mismo  que  el  mantón,  y 
tratar  la  escoba  como  se  trata  á  un  novio... 
con  intimidad  y  á  diario:  y  presumir...  y  co- 
quetear y  hatta  pintarse!...  ¡que  too  eso,  no 
hay  que  aprenderlo  en  ninguna  escuela,  por- 
que está  dentro  de  toas  las  mujeres...  y  sale 
cuando  debe  salir...  que  hasta  la  más  sosa 
se  espabila  cuando  le  llega  su  hora...  y  se 
conoce  que  mi  reló  atrasaba...  y  me  le  han 
tocan  al  registro  y  dende  hoy  va  á  marchar 
al  pelo!...  Y  ya  señala  mi  hora,  la  hora  de 
ser  mujer  de  una  vez  ypain  eternun.  |He 
dicho! 

Toma  un  chupito,  que  te  lo  has  ganao. 
¡Bien,  bienl 

¡Este  no  es  mi  Juan;  me  lo  han  cambiaol 
¡Pues  en  llegando  á  casa,  ya  te  daré  cuerda 
al  reló  pa  que  no  se  pare!  Tú  te  has  creído 
que  somos  iguales  y...  no,  y  no,  y  no. 
¡Iguales  ya  lo  sé  que  no!  ¡Hay  mucha  di- 
ferencia! Tú  eres  más  guapa  y  más  ele- 
gante... Si  yo  no  quiero  compararme  á  tí... 
¡Pero  si  toas  las  que  tienen  una  hermana 
más  guapa  se  tuvieran  que  meter  en  la  car- 
bonera... se  acabó  el  carbón! 

Todos         ¡Já,  já,  já! 

Pin.  ¡Tiene  gracia  la  chica! 

And.  ¡A  mí  me  gusta  más  que  su  hermana! 

Pin,  ¡Quita,  hombre! 


VÁz. 

Varios 

VÁz. 

Mer. 


Pepa 


—  36  — 

Mer.  Vamonos,  porque  si  no,  no  respondo  de  mí. 

¡Anda,  que  en  casa!. .  (Amenazándola.)  ¡El  que 
quiera  que  me  siga...  y  el  que  no...  que  se 
quede  haciendo  compañía  á  doña  Líquida  y 
á  su  institutriz!...  ¡Já,  já! 

TODOS  ¡Sí,  vamos!  (Disponiéndose  á  marchar.) 

Mer.  ¿Lo  ves?  ¡Todo*  conmigo!  Tieae.s  que  comer 

mucho  pan  pa  llegarme  á  los  talones. 

Pepa  ¡Y  dalel  ¡Pero  si   yo  no  quiero  comparar- 

me!... ¡No  quiero  másq(ue  divertirme!  ¿Es  un 

Crimen?  (Casi  llorando:  se  sienta  en  una  banqueta.) 

Mer.  ¡Quita  de  ahí,  fea  del  ole!  ¡Vamos,  señores! 

(Van  á  marchar  y  Pastora  los  detiene.) 

Pas.  ¡Espera,  niña,  que  traigo  un  encarguito  que 

darte  de  parte  de  tu  novio! 

Mer  .  ¿Kh?  (Sobresaltada.) 

LUC.  ¿Oe  SU  novio?  (Escamado.) 

Mer.  ¡No  le  haga  usted  caso;  es  una  liosa! 

Fas.  No  me  haga  usté  caso,  pero  conste  que  tu 

novio  Ricardo,  el  chaufer,  está  en  Madrí  y 
pué  que  baje  á  la  plaza  á  darte  un  recadito 
al  oído...  y  un  consejo  al  señor  Luciano. 

Luc.  ¡Eso  es  verdad! 

Mer.  i  Mentira!  Y  si  lo  cree  usté,  lo  cree,  y  si  no, 

hace  usté  lo  que  le  dé  la  gana...  (con  maioa  mo- 
dos.) que  á  mí  no  me  domina  nadie...  ¡ni  mi 
padre! 

VÁ¿.  ¡Me  consta! 

Pas.  ¡Qué  bonito,  mujé! 

Mer.  ¡Vaya  usté  y  que  la  zurzan,  chismosa!  (se  va 

enojada  seguida  del  señor  Luciano.) 

VÁz.  ¡Qué  genio  más  dulce!  ¡Como  su  pobrecita 

madre  de  mi  vida...  que  estará  la  infeliz... 
ardiendo  en  los  infiernos! 


ESCENA  XIV 

PASTORA,  PEPA  y  VÁZQUEZ;  á  poco  RICARDO 

Pas.  (a  Vázquez.)  Tú  ti¿s  la  curpa  por  ser  un  sin- 

vergüenza, borracho,  vago,  mar  padre...  y 
asín  se  te  güervan  lo  ni  brises  los  pinseles,  y 
asín  se  te  sequen  tos  los  colores,  y  te  sarga 


—  37  — 

un  mursiágalo  cuando  quieras  pinta  una  ma- 
riposa. 

VÁz.  ¡Pa  eso  del  mursiágalo  me  pues  servir  tú  de 

modelo! 

Pas.  ¡Grasioso!  ¡Si  no  tiés  lacha!  ¡Estás  chocho 

por  tu  Mersedes,  que  es  una  largarta  y  des- 
presias  á  esta  joya  que  es  un  diamante  en 
bruto! 

VÁz.  [Hija  de  su  padre! 

Pas.  ¡En  lo  de  bruto! 

VÁz.  ¡Pastora. .  pastorcilla  silvestre...  cálmate  y 

bebe!  ¿Te  gusta  el  vino? 

Pas.  ¡Me  gustaba;  pero  dende  que  te  gusta  á  tí, 

le  aborresco! 

VÁz.  Lo  mismo  que  me  ha  pasao  á  mi  con  las 

mujeres:  hasta  que  te  conosí,  ¡me  disloca- 
ban! 

Pas.  ¡Pero  no  llores,  chiquilla,  que  no  es  pa  tan- 

to! ¡Y  vas  á  quitar  tú  más  moños...  que  co- 
pas se  ha  bebió  tu  padre! 

VÁz.  ¡Qué  caro  se  va  á  poner  el  crepé! 

Pepa  (Levantándose.)  ¿Pero,  por  qué  mi  hermana?... 

Rtc.  (saliendo.)  ¡Me  alegro  encontrarles! 

VÁz.  ¡El  anti-alcohólico! 

Pepa  (¡^y¡—  ¡Ricardo!. .  ¡Que  no  me  vea  llorar! 

¡Si  éste  también  se  ríe  de  mí,  no  sé...) 

Rtc.  Contra  usted  vengo. 

VÁz.  ¡Hombre,  yo  no  le  he  hecho  á  usté  ná! 

Ríe.  He  visto  á  Mercedes  con  todo  ese  atajo  de 

sinvergüenzas... 

VÁz.  ¡Mejorando  lo  presente! 

Ríe.  ¡Venía  á  hablarla  por  última  vez,  pero  pre- 

fiero hablar  con  usted  I 

VÁz  No  es  lo  mismo. 

Rtc.  No  vengo  á  hacer  una  escena  cursi  de  melo- 

drama, ni  á  pedir  cuentas  al  padre  de  la 
conducta  de  la  hija. 

VÁz.  Sería  perder  el  tiempo. 

Ríe.  Pero  quiero  quedar  decentemente  y  aconse- 

jarles. 

VÁZ.  (Sin  saber  qué  decir.)  ¡Beba  USté  Una  COpita! 

RlC.  Venga.  (Bebiéndola  de  un  trago.) 

VÁz  ¡Ole  los  hombres!  ¡Ya  bebe!   ¡Ahora  sí  que 

vamos  á   entendernos!...  ¡Mire    usté...   mi 


—  33  — 

Mercedes...  le  quiere  á  usted  mucho...  mu- 
cho... y  mucho!...  Beba  usté  otra  copita...  (A 
ver  si  le  hago  ver  lo  blanco  negro.) 

Ríe.  ¡Quererme!...  ¡Se  burla  usté! 

Pas.  (¡Ka,  yo  suerto  er  chorro.)  ¡No  es  ella  la  que 

ha  tenío  la  curpa,  si  no  usté,  por  haber  equi- 
vocao  el  camino!  * 

Pepa  (¡Madrina,  por  Dios,  cállese  usted!) 

Ríe.  ¡No  entiendo!...  Equivocar... 

Pepa  ¡No  haga  usté  caso!  Vuelva  usted  por  casa: 

allí  la  habla  usté...  usted  que  quiere  mucho 
á  Mercedes...  ¿Verdad,  Ricardo,  que  la  quie- 
re usted  mucho? 

Ríe.  ¡El  amor  propio  puede  más  que  todo! ..  ¡Y 

yo...  ya  no  la  quiero! 

Pepa  (Llorando.)  No  diga  USted  eso...  (Vázquez  juega  á 

la  rana.) 

Ríe.  ¿Lloras? 

VÁz.  ¡Otra  vez!...  A  esta  le  ha  dao  la  mona  sen- 

sible. 

Ríe.  ¡Tú  sí  que  tienes  un  corazón  de  oro! 

Pas.  ¿Esto?  Esto  es  un  billete  de  mil  pesetas. 

VÁz.  Que  me  lo  cambien  en  seguida. 

Kic.  Yo  fui  un  estúpido,  que  creí  sinceras  aque- 

llas cartas  hipócritas,  que  son  las  que  me 
enamoran; 

Pepa  No,  hipócritas,  no. 

Pas.  Eso  sí  que  no...  ¡De  las  cartas  no  tié  usté 

que  hablar  na!  (Pepa  le  hace  señas  para  que  calle, 
y  ella  no  hace  caso.  Vázquez   escucha  con    atención.) 

Toas  las  cartas  que  usté  ha  recibió,  están 
escritas  con  er  arma,  con  el  arma  de  una  in- 
ferís, que  le  quiere  á  usté  más  que  á  las  ni- 
ñas de  sus  ojos.  ¡De  una  desgrasiá  que  no 
encuentra  caló  ni  cariño  en  naide! 

PEPA  ¡Madrina!  (Avergonzada.) 

Pas.  ¡De  esta...  de  esta  pobre  Pepilla  ..  que  vale 

más  dinero  que  mamarrachos  ha  pintao  su 
padre! 

VÁz.  (¡Y  dale!  ¡La  ha  tomao  conmigo!) 

Pepa  ¡No  la  haga  usted  caso!  ¡Las  escribía  Mer- 

cedes! 

Riel  ;  ¡Aquellas  cartas  no  pueden  salir  de  un  alma 

!i  tan  fría  como  la  suya! 


—  39  — 

Pepa  Sí,  Ricardo;  las  escribía  mi  hermana;  créa- 

me usté. 

VÁz.  ¡Terciaré  en  el  debate!  ¡Conste  que  Merce- 

des no  sabe  escribir!...  ¡Ahora  lo  demás,  allá 
ustedes! 

Pepa  (¡Qué  vergüenza!)  ¡Sí!...  ¡Yo  las  escribía  . 

pero  me  las  dictaba  ella!...  ¡No  riñan  uste- 
des!... ¡Hagan  las  paces!...  ¡Usted  merece  ser 
feliz!... 

RlC.  ¡Qué  alma  más  hermosa!...  (A  Pastora,    con   pe- 

na.) ¡Tenía  usted  razón;  he  eqaivocado  el 
caminol 

Pas  .  Pues  con  gor vé  pa  atrás,  y  echar  por  el  atajo 

de  en  medio...  ¿verdad?  (a  Vázquez.)  ¿Qué  di- 
ces tú  á  eSO?  (Ricardo  y  Pepa  hablan  bajo.) 

VÁz.  ¡Que  eres  la  única  pa  meter  y  sacar  sillas! 

Pas.  ¿Yo?...  ¿Me  meto  yo  en  argo?...  ¡Allá  ellos!.  . 

Ríe.  ¡No  te  canses!...   ¡No  abones  más  por  ella!... 

¡No  lo  merece!...  ¡Si  ella  fuera  como  tú,  yo 
hubiera  sido  feliz! 

Pepa  ¡Pero  si  eso  no  es  posible!...  ¿Quererme  á 

mi?... 

Ríe.  Ni  á  tí  ni  á  ella.   No  es  á  la  hembra;  es  al 

alma  que  se  escondía  detrás  de  aquellos  ga- 
rabatos negros  y  torcidos:  de  aquellas  cartas 
que  me  hacían  ver  al  corazón  que  yo  bus- 
caba para  ser  dichoso.  ¿Era  el  tuyo?  ¡Pues 
no  es  que  cambio  de  amores!  ¡E*  que  sigo 
loco  por  quien  lo  estaba,  por  quien  me  hizo 
feliz  en  trozos  de  papel  sucios  y  emborro- 
nados! 

VÁz  (| Qué  cursi  es  este  tío!) 

Pas.  (¡Josú!  ¡Desde  mañana,  aprendo  á  escribí!) 

Pepa  No,  Ricardo.   ¡Yo   no  podría  ser  su  mujer! 

¡Soy  fea!  ¡Usted  no  podría  llegar  á  quer>  r- 
me! ¡Acabaría  usted  por  avergonzarse  de  nú! 
¡Soy...  la  Cenicienta!  (Muy  triste.) 

VÁz.  ¡Me  van  á  enternecer!...  ¡Se  dan  monas  se  1- 

sibles! 

Pepa  ¡Aun  es  tiempo,  Ricardol  (suplicante.)  ¡Merce- 

des viene!  ¡Aun  es  tiempo!...  ¡Mire  usted  qué 
guapa! 

VÁz..  ¿Viene?  Sujetarse  los  moños.  .   . 


—  40  — 
PEPA  (Acercándose  á  la    primera    derecha.)    ¡Mercedes! 

jMercedes!... 
Pas.  Conste  que  está  más  loca  por  usté  que  Mau- 

ra por  los  obispos. 


ESCENA  FINAL 

DICHOS,    MERCEDES,    LUCIANO,    PINTURAS,    ANDRÉS 
y  CORO   GENERAL 

MER.  ¿Todavía  estás  aquí,   adefesio?  (Sin   reparar  en 

Ricardo.) 

Ríe.  Este  adefesio... 

Mep.  ¡Ah!  ¿De  dónde  has  salido  tú? 

Ríe.  Este  adefesio  vale  más  que  otras  que  se 

creen  bellezas. 
Mer.  ¿Sí?  ¿Desde  cuándo  eres  su  abugao?  Pues, 

chico,  si  tanto  te  gusta...  cásate  con  ella... 

|Já,  jal  Es  lo  único  que  te  faltaba  para  ser 

raro  en  tó.  ¡Já,  já! 

LuC.  (Acercándose.)    ¡Aquí    entro  yo!   (A  Mercedes  con 

dignidad.) 

VÁz.  ¡Adelante! 

Luc.  ¡Jovenl  A  un  hombre  de  mi  fideo  y  de  mi 

dinero,  ¡no  hay  quien  le  tome  el  pelo!  ¡Pue- 
de usted  tomárselo  á  su  señor  papá,  que  pa 
eso  lo  lleva  largol 

VÁz.  ¡Ya  lo  pagó  mi  cabeza!  ¡Mañana  me  esquilo, 

y  que  se  fastidie  Pradilla! 

Mer.  (con  descaro  )  ¿Qué  me  quiere  usté  decir? 

Luc.  Saque  usted  la  consecuencia,  (a  Ricardo.)  \Y 

usted  perdone  que  le  haya  faltao  sin  cono- 
cerle! 

Pas.  ¡Compueeta  y  sin  novio!. . 

Mer.  (Despechada.)  ¡Sobran  hombres  pa  volverse  lo- 

cos por  mí!... 

Luc.  ¡Y  sobran  mujeres  pa  enterrarlas  en  bri- 

llantesl 

Ríe.  (a  Pepa.)   O   en   felicidad  que  es  más  segu- 

ra, ¿verdad? 

VÁz.  O  en  vino  que  es  más  alegre. 

Pas.  ¡Tú,  conmigo,  hasta  el  día  de  la  bodal 


—  41  — 

VÁz.  ¿Y  yo  sólo  con  esta?...  ¡Ya  me  veo  espuman- 

do el  puchero! 

Mer.  ¿Pero  eso  es  en  serio?  ¡Já,  já!  ¡Chico,  te  llevas 

lo  que  te  merecías!  ¡Miren,  miren  la  Ce- 
nicienta! 

Varios        ¡Já,  já! 

Ríe.  ¡La  Cenicienta,  qne  si  no  un  Príncipe  como 

aquella,  ha  encontrado  un  hombre  de  bien 
que  sabrá  hacerla  feliz! 

Pepa  ¿De  veras  habré  yo  encontrado  quien  me 

quiera  en  el  mundo? 

Mer.  ¡No  ha  pasao  na!  ¡Siga  el  baile!...  ¿Quién 

quiere  ser  mi  pareja  para  un  chotis? 

VARIOS  (Acercándose  muy  entusiasmados.)  ¡Yo!...  ¡Yo!... 

Mer.  (orguiiosa.)  ¿Lo  ves?  ¡Acuden  como  moscas! 

¡Tengo  miel  pa  los  hombree! 

Pas.  Pa  mí  que  es  acíbar,  pero  no  te  apures,  que 

yo  te  buscaré  otro  que  ni  de  encargo. 

VÁz.  Oye;  ¿estás  segura  de  quién  fué  tu  madre? 

Pas.  ¿Porqué? 

VÁz.  Porque  pa  mí  que  desciendes  de  doña  Brí- 

gida la  del  Tenorio. 

Pas.  ¡Bebe  y  calla! 

Mer.  ¡Vamos1...  ¡Venga  el  manubrio! 

Pepa  ¡Ricardo!...  ¡Que  yo  también  sé  bailar! 

Ríe.  ¡Tienes  pareja  para  toda  la  vida!  (organillo. 

Música.) 


TKI.ON 


Oirás  de  les  mismos  autores 


De  Antonio  F.  Lepina 

Estrella,  juguete  cómico.  (Teatro  Lara.) 

La  mujer  de  Cartón,  humorada.  (Teatro  de  la  Zarzuela.) 

Hilvanes,  entremés.  (Teatro  de  la  Princesa.) 

La  fea  del  ole,  saínete.  (Teatro  Cómico  ) 

De  Antonio  Plañiol 

La  mujer  de  Cartón. 

Hilvanes. 

La  fea  del  ole. 


Precio:  U.JIQ.  peseta